Tus palabras salen a la temperatura justa del momento sin que tengas que pararte a calibrar el termostato. La mente que ordena y el sentir que escucha respiran en ti el mismo aire, trígono de Mercurio y la Luna, y conversar con cariño te sale tan natural como cualquier otra cosa. Donde la inteligencia emocional importa, ahí floreces: la terapia, la mediación, la escritura íntima, la enseñanza que abraza. La gente cierra contigo conversaciones que ni esperaba poder tener. El motor anda solo, y por eso mismo te confías: supones que todo el mundo hace esto y acabas agotado traduciendo emociones ajenas de sol a sol. Tu lengua también tiene derecho a callar y descansar.