Captas lo que le pasa al otro antes de que el otro encuentre la palabra para decirlo. La emoción que late hondo y la compasión que no tiene bordes son en ti un mismo aire, trígono de la Luna y Neptuno, y la empatía es tu temperatura por defecto, no un esfuerzo. La terapia, el cuidado, el arte que cura, la espiritualidad sin dogma, ahí estás en tu sitio. La gente se siente acompañada con solo tenerte cerca, sin que digas nada. El riesgo no es dar poco. Es que la puerta se te queda siempre abierta, te llenas de lo ajeno sin notarlo y un día estás vacío por dentro. Aprende a cerrarla de vez en cuando. Tu sensibilidad merece resguardo.