La Luna corre en trígono con tu Nodo Sur, y el cobijo llega sin que tengas que pedirlo: la raíz afectiva fluye tibia hacia ese extremo del eje al que el cuerpo vuelve por instinto. La ternura, el consuelo, la intuición te nacen sin invocarlos. Acudes a ese nido siempre que algo pide cobijo, y te sostiene entero, suelto, sin esfuerzo. El don es genuino y el regazo es ancho, por eso seduce quedarse: si te hundes en ese refugio, olvidas ponerlo a servir el rumbo nuevo. El abrigo de siempre te sostiene mientras no se vuelva el sitio donde te quedas.
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