El acelerador te pide más y el freno te recuerda, con el motor aún frío, que insistir ahora es griparlo. Marte y Saturno se cruzan en ángulo recto en tu carta, y el impulso que quiere empezar ya rechina contra la disciplina que mide cada arranque. Arrancas pronto y te quemas. Esperas de más y la oportunidad ya dobló la esquina. Eso lo pagaste en años de sentirte demasiado lento o demasiado precipitado, casi nunca a la velocidad justa. Ahora escuchas el motor antes de pisar a fondo. Paciencia con potencia dentro es una mezcla poco común y temible. Te calaste muchas veces hasta dar con un ritmo propio, ese que no dictan ni el reloj ni el ego.