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Marte en casa 12

Pelas cebollas y te lloran los ojos, y por dentro hay otra cosa moviéndose que no se deja nombrar, una corriente que viene del cuarto detrás del cuarto. La casa 12 es la liminal, la del borde del sueño y de lo que la luz del día olvida, y tu Marte habita justo ese pliegue donde casi nadie lo ve: las batallas que libras a solas, el deseo que escondes incluso de ti, la energía que no encuentra un blanco visible al que apuntar. Cuesta mucho que reconozcas tu propia rabia, y cuando no puedes pelear afuera lo que duele, ese fuego se da la vuelta y te muerde por dentro en forma de cansancio o de culpa sin causa. Pero hay un don escondido aquí. Tu fuerza sabe moverse en lo invisible, sostener a quien sufre en silencio, pelear por causas que nadie aplaude. Esa intensidad pide un cauce honesto antes de que se estanque: el arte que saca afuera lo que no cabe en palabras, el cuerpo en movimiento, el retiro que ordena el ruido interno, la entrega a algo más grande que tú. Tu Marte oculto no necesita justificarse en voz alta. Necesita un lugar por donde correr sin hacerte daño.