Te lanzas a la pista sin saber bailar, te ríes de tu propia torpeza y acabas pasándolo mejor que cualquiera que se lo tomaba en serio. La casa 5 es la del juego y los amores, la de la primera canción tarareada para nadie, y al caer Marte ahí tu deseo se vuelca en lo que se hace por puro gusto: el atrevimiento, el cortejo, el deporte, la creatividad que necesita cuerpo y riesgo para existir. A ti te pasa así: la persecución te enciende como pocas cosas, y empiezas un juego con todo el fuego antes de saber si quieres terminarlo. Ahí vive uno de tus motores más nobles. Cuando creas o cuando deseas, lo haces con una entrega que contagia y que da envidia sana. El reverso lo conoces también. Si solo te enciende la caza, te quedas sin la hondura que llega cuando uno se queda, y coleccionas chispas que se apagan rápido. La pasión te luce más cuando encuentra un objeto que merezca el fuego sostenido, no solo la emoción del comienzo: crear con el cuerpo, amar con la piel puesta, jugar de verdad. Nada de esto es un defecto que corregir. Es la chispa con la que te sientes vivo.