Empujas el mismo carro con paciencia de buey y, sin previo aviso, algo en ti decide volcarlo todo y empezar de cero. Marte sostiene el empuje constante; Urano, en el lado opuesto, es la descarga que no pide permiso. Empujas lo planeado y el rayo te interrumpe a media obra. El rayo te lleva a algo nuevo y te culpas por dejar el camino a medias. Tu trayectoria mezcla tramos de obra firme con tramos de naves quemadas. Vas viendo que constancia y revolución no se pelean de verdad. La constancia sin rayo se vuelve piedra. El rayo sin constancia no levanta nada. Tu vida pide a los dos, cada uno en su estación.