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Marte sextil Neptuno

Suena una música que nadie ha tocado y, aun así, tus manos parecen saberse los pasos antes que tu cabeza. Por el sextil, Marte, la voluntad que mueve el cuerpo, y Neptuno, el ensueño que no tiene contorno, se acercan hasta casi tocarse si te mueves siguiendo la corazonada sin esperar a entenderla del todo. La pega es que toca arrancar a ciegas, fiándote. Quien lo hace se descubre con obra propia entre las manos, hecha de algo que no sabía nombrar; quien espera el mapa se queda escuchando. Da el primer paso sin él. El primer compás ya suena, solo hay que entrar.