Echas a andar siguiendo una corazonada que nadie te pidió, y casi siempre da en el clavo. La voluntad que aterriza y la imaginación que flota son en ti un mismo clima, trígono de Marte y Neptuno, y actúas con antena fina y sueñas con cuerpo de verdad. El arte, la sanación, cualquier oficio donde hay que moverse siguiendo un hilo que casi no se ve, ahí te mueves como pez en el agua. Quien trabaja contigo aprende a fiarse de intuiciones tuyas que más tarde resultan ciertas. El motor anda solo; lo que te frena no es él, es dudar de tu propia voz de dentro por sonarte demasiado etérea. Confía en ella. Rara vez te engaña.