Tu cuerpo encuentra el atajo un segundo antes de que la mente lo ponga en palabras. El impulso que empuja y el rayo que cae de pronto son en ti un mismo tiempo, trígono de Marte y Urano, y la ocurrencia te llega ya con piernas para correr. La respuesta veloz es tu terreno de siempre: el deporte improvisado, la ingeniería a pie de campo, el trabajo en el que algo siempre se rompe y hay que arreglarlo ahora mismo. El peligro no es la falta de chispa. Es fiarlo todo al rayo, salir disparado a la primera idea y dejar atrás la lenta, que muchas veces era la buena. No toda chispa pide carrera. Algunas piden que la mires antes.
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