La cumbre a la que subes se asienta sobre el viejo surco conocido de tu carta. El Nodo Sur, ese eje calculado que apunta el terreno familiar que te toca aligerar y no un cuerpo con masa, se posa sobre el grado del meridiano por donde asoma tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. El lugar donde te muestras delante de todos y el oficio antiguo que ya traes metido en el cuerpo ocupan un solo umbral, fundidos. Cuando das un paso hacia lo público, repites un gesto que te sabes de memoria, cómodo y gastado como un zapato hecho a tu pie. La maña está ahí, fácil; aprender a no apoyarte solo en ella es la otra mitad del oficio.