Una raíz negra y honda agarra el punto más alto de la roca, justo en la cumbre de tu carta. Plutón, esa fuerza soterrada que escarba hasta el fondo y no afloja la presa, cae sobre el meridiano por donde asoma tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. El poder y la cima visible ocupan un solo grado, fundidos: cuando te muestras en lo que haces, te muestras con una densidad que pesa, una hondura que nadie consigue pasar por alto. El mundo te ve asomar a la vocación con algo magnético y un punto temible, difícil de engañar con dos palabras. Lo que enseñas delante de todos remueve cosas profundas, en ti y en quien te mira, y por ese fondo oscuro te recuerdan.