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Medio-cielo oposicion Mercurio

Una pregunta golpea desde el otro lado de la mesa mientras apuntas a la cumbre de tu carta. Mercurio, esa voz interior que clasifica, ordena y comenta por lo bajo, queda enfrentado al meridiano por donde sube tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. El decir y la cima visible se reclaman cuentas de cabo a cabo: cada vez que muestras lo que haces, una voz enfrente lo discute, lo matiza, lo obliga a afinarse otra vez. El mensaje y el lugar donde te enseñas no acaban de coincidir solos. Vives en ese ir y venir entre lo que dices y lo que de verdad muestras, aguzando una palabra pública hecha de réplica y contrarréplica, sin convertir cada presentación en un alegato a dos voces.