Una caracola en la repisa te devuelve el mar si arrimas el oído desde la cumbre de tu carta. Neptuno, esa sensibilidad que capta lo invisible y el sueño que todos comparten sin decirlo, tiende un ángulo abierto hacia el meridiano por donde asoma tu vida pública, la cara que tu trabajo da al mundo. La imaginación está ahí, a tu alcance, si la recoges a conciencia en lo que haces. Cuando decides poner sueño y hondura en lo que muestras, la bruma responde dócil: inspiras, sugieres, y la imagen llega lejos sin que te pierdas en ella. No te disuelve ni te niega; te brinda el agua y tú eliges cuándo afinar el oído. Así tu modo de asomar gana un aura que conmueve a quien la mira.