El cuaderno pide datos exactos y tu mano se escapa al margen, donde la palabra se vuelve sueño sin pedirte permiso. Mercurio y Neptuno se cruzan en ángulo recto en tu carta: el pensamiento exacto muele contra la imaginación porosa que todo lo difumina. Intentas precisar y te aburres. Te dejas ir y te acusas de impreciso. La factura llegó en años de escritura donde nunca supiste si eras analista o poeta. Hoy ya no tienes que elegir. Hay textos para la pizarra y textos para la niebla, y tu valor está en cruzar de uno a otro sin sentir que traicionas a ninguno. Manejas dos lenguas a la vez, y eso lo conquistaste sin saber durante años cuál de las dos eras.