Buscas claridad al hablar y una vieja herida te tuerce la frase justo en la salida. Quirón y Mercurio se cuadran en tu carta, empujando en cruz desde posiciones contrarias: la mente tira hacia nombrar, el centauro lesionado tira hacia el silencio, y ese pulso te ha labrado la manera de hablar. Pensaste mientras algo dentro te censuraba, buscaste palabra donde antes solo hubo mudez, y cada intento rozó hueso. De ese choque sale una voz que sabe de cerca lo que cuesta decir. Tu claridad se levantó contando las veces que el dolor te trabó la lengua. No te llegó por el camino llano de otros: la cargó esa viga puesta a pulso.