Una frase sale de tu boca y reorganiza el aire del cuarto antes de que tú mismo decidas si querías decirla. Con Mercurio en tu casa 1, la del cuerpo y de la primera impresión, tu manera de pensar vive en la cara que encuentra al mundo: la velocidad de la mente se te ve en los ojos, en las manos que buscan la siguiente palabra, en el gesto que adelanta la idea. En la práctica la cosa va así: la gente apuesta en los primeros treinta segundos a que eres listo, y muchas veces acierta, porque piensas en voz alta sin querer y la mente es lo primero que entra por la puerta contigo. Eso tiene un coste. El instrumento se gasta cuando lo usas para llenar cada silencio, y entonces lo agudo se vuelve ruido. Prueba a dejar una frase sola un momento, sin rematarla, y mira cómo la pausa subraya lo que dijiste mejor que cualquier adorno. La mente que sabe callar es la que la gente recuerda. La tuya no necesita demostrarse en cada turno para ser rápida.