Un chiste que se te ocurre solo en el ascensor y que te hace reír por dentro sin testigos. Naciste con Mercurio en la casa 5, la del juego sin público y la primera canción tarareada para nadie, así que tu mente se enciende cuando se le permite jugar: juegos de palabras, flirteo, el garabato al margen de un cuaderno cualquiera. Mira cómo funciona: piensas mejor cuando no estás tratando de pensar bien, cuando escribes una hora de cosas inútiles solo por ver qué sale y de pronto aparece la idea que servía. Manda la broma. Coquetea con la página, con la ocurrencia, con la persona adecuada. El nudo aquí es empezar a necesitar ser ingenioso para sentirte querido, y ahí el don deja de ser juego y se vuelve función, algo que rindes en lugar de algo que disfrutas. El remedio es sencillo aunque no fácil: sé divertido primero contigo, a solas, sin que nadie aplauda. Una mente que sabe entretenerse en privado no se queda sin encanto en público. El placer del pensamiento sin espectador es donde de verdad recargas.