Quieres ser exacto y, en la misma frase, no quieres hacerle ni un rasguño a la persona que tienes delante. Mercurio busca la palabra precisa; Venus, enfrente, busca el cariño que no hiere. El filo frente a la caricia. Precisas y te sientes cortante. Suavizas y te frustra no haber dicho lo que de verdad querías. A veces envuelves la verdad en tanta miel que se pierde, y otras la sirves tan cruda que tú mismo te culpas del frío. Lo que vas descubriendo es que una verdad bien dicha trae su propio calor. No bajes el contenido. Calienta la frase y dila completa. La precisión que cuida existe, y es tuya en cuanto la trabajas.
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