Tienes una manera de decir las cosas que es solo tuya, y lleva tiempo pidiendo salir sin disfraz. Por el sextil, Mercurio, la palabra que nombra, y el Sol, el yo que quiere afirmarse, comparten pared y se hablan si dices las cosas como tú las piensas en lugar de calcar la voz que admiras. El billete cuesta arriesgarse a sonar a uno mismo, aunque tiemble. Suena a ti y la gente reconocerá tu autoría a la primera frase; imita y serás una copia más. Firma lo que dices, no lo dejes anónimo. La voz ya está ahí, solo hay que usarla.