Bajas la guardia un momento y la pluma echa a andar sola, y suele dar en el sitio. La mente que nombra y la imaginación que sueña son en ti un mismo clima, trígono de Mercurio y Neptuno, y la inspiración te llega ya cargada de música, no en seco. Donde la palabra debe evocar antes que precisar, ahí estás en tu sitio: la poesía, la terapia narrativa, el relato que vende emoción, el guion. Quien te lee siente algo aunque no recuerde la frase exacta que lo provocó. El riesgo no es producir poco. Es fiarte tanto de la corriente que sueltas lo primero que llega y nunca lo afinas, y la música queda a medias. Lo fácil también merece que lo termines.