Una música, un cielo, algo sin nombre te empapa por dentro: Neptuno cae sobre tu Nodo Norte, donde el eje marca adónde estás creciendo. Sensibilidad y rumbo llegan fundidos en un mismo gesto, sin contorno entre los dos. Te dejas permear por lo invisible, y al hacerlo te mueves justo hacia donde el eje empuja. La trampa es perderte en la bruma, confundir la evasión con el avance, dejar que el norte se difumine. Tu porosidad abre camino cuando algo de lo sutil te lleva hacia delante. Cuando te disuelve en una ensoñación, te aparta despacio del rumbo que viniste a tomar.