Dibujas una catedral en el aire y tu mano, con el material delante, te avisa de que esto no aguanta lo que imaginaste. Saturno y Neptuno se cruzan en ángulo recto en tu carta, y la imaginación porosa que sueña sin límite frota contra la estructura sólida que solo confía en lo que se sostiene de pie. Sueñas y te culpas por no construir. Construyes y te queda el regusto de haber renunciado a lo verdadero. La cuenta la pagaste dividiéndote entre dos vidas que no se hablaban: la pragmática y la onírica. Hoy haces arquitectura del sueño y metes sueño dentro de la arquitectura. Las dos caben en el mismo edificio. Eres ese místico que también sabe poner ladrillo, y lo conquistaste habitando ambas vidas hasta unirlas.