Tu grupo de amigos comparte una manera de ver el mundo que a alguien de fuera no se la explicas en dos frases, hay que estar dentro para sentirla. Neptuno difumina el círculo de amigos, la ciudad todavía no construida, el sueño de arco largo, y así tu pertenencia se teje alrededor de algo que no se toca: amistades que reconoces como de otra vida, causas con dimensión soñadora, redes que crecen en torno a una visión compartida. Encuentras a tu gente por una afinidad que no sabrías justificar en una entrevista, los reconoces como quien reconoce un olor de la infancia. Y ahí asoma la trampa. Cuando el grupo no sabe del todo qué busca, ese sueño común se va deshaciendo en charla nocturna que nunca aterriza, y os quedáis con la nostalgia de un proyecto que no fue. A favor tienes algo luminoso: imaginas con otros un futuro que ninguno vería en solitario. Honra la parte visionaria del grupo y pídele también un paso concreto. Rodéate de quien te eleva y a la vez pone los pies en el suelo contigo. Vuestro sueño compartido se vuelve real cuando le dais una obra que se pueda mirar.