El dinero te entra por una mano y sale por la otra sin que recuerdes el camino que tomó. Es lo que hace Neptuno en la zona de los recursos y de lo que el cuerpo considera digno de conservar: tu relación con lo material vive entre la niebla, el saldo se vuelve un número abstracto, lo que valoras hoy mañana ya no te importa, el precio de las cosas te suena a otro idioma. Hay un gesto que te delata: regalas lo que te hace falta y atesoras lo que no vale nada, porque tu vara no mide en euros sino en algo más blando que no siempre sabes nombrar. Eso pasa factura. Cuando lo material se queda sin contornos, un mes descubres que no tienes suelo bajo los pies y el susto duele. Pero hay una riqueza distinta: posees cosas que no se compran y las cuidas con una ternura que a otros se les escapa. No te pido que te vuelvas contable. Te pido que le des a tu dinero un cauce mínimo, una cuenta que mires sin pánico, un sobre para lo que no se toca. La poesía y la aritmética caben juntas, y tú puedes habitar las dos.