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Neptuno en casa 7

Conoces a alguien una tarde y para la noche ya le has construido un futuro entero, con casa, con nombres, con final feliz. Neptuno se ha instalado en el otro al otro lado de la mesa, en el acuerdo que necesita dos voces, en el espejo donde te ves reflejado, y por eso en el vínculo se te difuminan los bordes: proyectas en la otra persona lo que te falta dentro y vives el amor más en tu imaginación que en el café que compartís de verdad. Te enamoras del potencial, de lo que ese alguien podría llegar a ser, y entonces ninguna versión presente te alcanza porque la comparas con tu retrato. Tanta niebla en el espejo se paga cara: eliges fantasmas y luego te decepcionas con personas reales que nunca prometieron ser tu cuadro. Lo que recibes a cambio es raro de encontrar: ves en el otro lo que ni él se atreve a ver, y desde esa compasión sacas lo mejor de quien tienes enfrente. Mira a la persona que tienes delante con sus contornos exactos, los lindos y los ásperos. Quiere a quien existe hoy, no al boceto. Tu mirada compasiva florece cuando la posas en alguien verdadero.