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Neptuno en casa 9

Lees una línea de un texto sagrado y se te eriza la piel antes de entender la frase entera, como si el cuerpo supiera algo que la cabeza aún persigue. Es Neptuno desplegado en el mapa en la pared, en el horizonte, en la pregunta que no cabe en una sola habitación, y por eso tu fe no es un dato sino una niebla luminosa: crees con todo el cuerpo, viajas hacia dentro tanto como hacia fuera, y la filosofía solo te sirve cuando se vuelve experiencia que se siente en la piel. Pones a un maestro en un altar y olvidas que también es un cuerpo que se cansa y se equivoca, y luego su caída te duele como una traición. Tanta amplitud cuesta algo. Cuando solo lo trascendente te llama, lo de cada día se vuelve un peso gris que arrastras a regañadientes. Y lo que se ensancha es ancho de veras: tienes acceso directo a un sentido que a otros se les escapa, una brújula que apunta más allá del mapa. Trae esa altura a la cocina sin rebajarla. Estudia con humildad, viaja con un porqué. Tu sed de horizonte se sostiene mejor con una práctica diaria que con destellos sueltos.