Un polo de tu carta disuelve todos los contornos en bruma; el otro sostiene una herida concreta que pide bordes y un nombre. Quirón y Neptuno se miran de frente a través del mismo eje, y cada polo revela al de enfrente: la niebla te ayuda a aguantar el dolor y al mismo tiempo te impide verlo claro, la herida reclama un contorno que la bruma se niega a dar. Hay días en que te pierdes en lo místico para no tocar la llaga, y días en que el dolor rompe el sueño de un tajo. Puestos cara a cara, evadir y sentir corren por el mismo cauce. Tu hondura madura no anula un polo. Los enfrenta hasta que la compasión deja de ser una huida bonita.