Quieres que te nombren con todas las letras y, a la vez, necesitas perderte en algo mucho más grande que tu nombre. El Sol afirma la identidad reconocible; Neptuno, en el extremo de enfrente, te invita a disolverte en lo sin contorno. La firma frente al océano. Te afirmas y te incomoda el ruido de afirmarte. Te diluyes y te pierdes por el camino. Tu vida alterna épocas de ambición nítida con épocas en que dejas el plano para servir a algo invisible. Con los años no traicionas ninguno de los dos llamados. Hay momentos para tu firma con tinta gruesa. Hay momentos para dejarla diluirse en el agua sin perder tu peso. Las dos cosas eres tú.