Una bruma fina se posa sobre el sendero que todavía no has pisado. Neptuno, esa niebla que disuelve los bordes y deja entrar el sueño, hace buen ángulo con el Nodo Norte, el eje calculado que apunta hacia donde tu carta crece y no un cuerpo que orbita. La imaginación para intuir lo que aún no ves no te envuelve sola: tienes que dejarte caer en ella a propósito cuando te asomas a lo poco habitado. Confías en la corazonada al avanzar hacia lo nuevo y los contornos más duros se ablandan. El camino extraño deja de ser un mapa. Se vuelve algo que el cuerpo siente antes de verlo con los ojos.
Tu privacidad
Usamos analítica para entender qué contenido te resulta útil y mejorar Sidellia. Sin publicidad ni perfiles publicitarios. Puedes rechazarla y seguirás teniendo todas las funciones.