La neblina en la que sueles perderte sin darte cuenta flota cerca, por si un día prefieres dejarla pasar de largo. Neptuno, esa bruma que ablanda los límites y adormece, hace buen ángulo con el Nodo Sur, el eje calculado que marca la tierra sabida de donde vienes y no un cuerpo que orbita. El ensueño que ya habitas es un recurso viejo, a tu disposición para disolverlo cuando te nuble el paso. Nadie te saca de ahí a tirones. Reconoces la costumbre de difuminarlo todo y dejas que el aire se aclare un poco. Lo familiar te suelta sin reproche. Y el sendero a tu espalda queda más limpio de ver.
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