Un mar de compasión y la herida que lo afina aguardan a un brazo de distancia, listos para que los tomes con cuidado. Quirón y Neptuno forman un sextil en tu carta: la lesión que sensibiliza y la piel sin bordes quedan a la mano, pero piden que las recojas a conciencia. El día que diriges tu piel fina hacia crear o consolar, en vez de dejarte arrastrar por la corriente, el don se enciende. Lo de fondo está latente, no salta solo. Despierta cuando le pones forma a la niebla: un cuadro, un gesto, una palabra que canalice lo que sientes por todos. La invitación es hacer de la grieta una fuente, no un sumidero donde desaparecer.
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