Quirón, ese punto donde la herida se hizo maestra, cae sobre el mismo grado que el Nodo Norte, ese eje calculado que marca la dirección de tu crecimiento y no un astro con cuerpo. Fundidos en una sola baldosa, la cojera y el rumbo son un único movimiento: cada paso adelante pasa primero por la cicatriz, como si el camino brotara justo de lo que renquea. No creces a un lado y curas a otro. Lo haces en el mismo punto, en el mismo gesto. Avanzas precisamente por donde más te tocó, y la marca antigua deja de ser lastre para convertirse en brújula. En esa esquina de tu carta, el dolor viejo es el que sabe hacia dónde vas.