Quirón, ese punto donde la herida se hizo maestra, llega a ciento veinte grados del Nodo Norte, ese eje calculado que marca la dirección de tu crecimiento y no un astro con cuerpo. Lo que un día te partió ya viene integrado en el cauce de tu avance, sin que tengas que empujar nada. Tocas la cicatriz y el camino responde, los dos del brazo apuntando hacia delante. La marca vieja y el rumbo se entienden sin discutir. En esa parte de tu carta crecer no va cuesta arriba: la herida se ha vuelto guía, y avanzas justo por donde te tocó, con el viento empujando a favor de tu propia llaga.