En tu Nodo Sur, la punta del eje que guarda tu identidad más antigua, se instala el Sol, y la luz y el hábito quedan amalgamados en una sola pieza. El modo de brillar, de afirmarte, de ser visto te sale por defecto, como un papel viejo que te queda como un guante. Es el yo al que vuelves sin esfuerzo cuando necesitas pisar firme. Lo que pesa es vivir solo ahí, repitiendo el personaje heredado en vez de llevar esa luz al rumbo nuevo. Tu identidad rinde cuando sostiene el crecimiento que te reinventa. No cuando la gastas en confirmar una y otra vez al mismo de siempre.
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