Un ramo ya marchito reposa en el florero de siempre, por si un día decides retirarlo del agua. Venus, ese gusto por lo bello que endulza y acerca a la gente, hace buen ángulo con el Nodo Sur, el eje calculado que marca la tierra sabida de donde vienes y no un cuerpo que orbita. El encanto que despliegas sin pensarlo es un recurso antiguo, a tu disposición para aligerarlo cuando ya no diga nada. Nadie te quita el placer de las manos. Reconoces la costumbre de agradar siempre del mismo modo y dejas que el ramo seco se vaya. Lo familiar te suelta. Y queda hueco en el florero para algo que aún no has cortado.