Bajas al subsuelo de cualquier dolor y tu propia herida te alumbra el camino como una linterna en el túnel. Quirón y Plutón ocupan el mismo grado en tu carta: la grieta que enseña y la fuerza que transforma son un solo descenso, fundidas en una misma colada. No te asusta lo oscuro de nadie porque ya habitaste lo oscuro tuyo, y por eso acompañas crisis de las que otros salen corriendo. Tu sola presencia obliga a la verdad, remueve lo que se escondía bajo capas. El centauro que cura carga una llaga que toca la raíz misma de la vida y la muerte. La trampa es hurgar en heridas ajenas con intensidad para no quedarte nunca a solas con la propia.