Eres alguien de contorno definido y cada cierto número de años una corriente interior te exige morir y nacer de nuevo. Plutón y el Sol se cruzan en ángulo recto en tu carta: la identidad ya consolidada muele contra la transformación que arranca de raíz. Te afirmas y te fosilizas un poco en lo que ya eras. Te transformas y te asusta no reconocerte después. La cuenta la pagaste en una biografía a tramos, donde una versión tuya tuvo que morir para que otra naciera y la gente cercana no entendió por qué cambiaste. Has aprendido a no aferrarte a tu propia leyenda. Quien fuiste ya cumplió su turno. Enterraste varias versiones tuyas hasta ganar la libertad de transformarte sin pedirle permiso a tu firma anterior.
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