Dos fuerzas del cielo lento se traban en ángulo recto, cada una tirando desde su esquina: la que entierra para rehacer la raíz contra el rayo que quiere volarlo todo de un golpe. Esta cuadratura no es un rasgo tuyo. Es la fricción que cimenta a una generación entera, el grano duro que aguanta el muro mientras lo hace rechinar. Tu parte la fija la casa que ocupa, con los planetas tuyos que la atraviesan. En ese punto el forcejeo común baja a una pelea entre lo que querrías demoler ahora mismo y lo que solo cede si lo dejas morir y renacer despacio. El choque es el que levanta la pared.
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