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Pluton en casa 3

Hay una frase que alguien te dijo a los nueve años en una cocina cualquiera, y todavía la oyes intacta. Naciste con Plutón en la casa 3, la casa del habla cotidiana, de los hermanos y de las calles del barrio. Tu pensamiento no roza las cosas, las perfora. Hablas y la otra persona siente que la conversación va a algún sitio del que no se vuelve igual. Mira cómo te ocurre: una charla con un hermano, un vecino, alguien de la esquina, te marca tanto que la recuerdas treinta años después con cada palabra en su lugar, mientras los demás ya la olvidaron al doblar la calle. Lo que has de vigilar es el peso de tu voz en la mesa: cuando tu intensidad ocupa todo el aire, la voz del otro se apaga sin que nadie lo note, ni siquiera tú. Porque una mente como la tuya ilumina lo que nadie más ve, pero no necesita ganar para tener razón. Practica hablar hondo y luego callar, dejar el silencio abierto. Escribe lo que piensas de verdad, donde nadie te interrumpa. Tu palabra es un instrumento de precisión. Sirve para mostrar el fondo de las cosas, no para someter a quien tienes enfrente.