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Quiron en Cancer

Hay un guiso que solo sabe cocinar quien pasó un invierno largo sin nadie que le calentara la sopa. Tiene un punto que no está en ninguna receta: una hondura en el caldo, una paciencia con el fuego bajo, que viene de haber tenido hambre de verdad y haber decidido que nadie más, en esa mesa, la pasara. Llevas un Quirón en Cáncer, y el centauro que lo habita aprendió su lección por la puerta de la casa. Algo temprano alrededor del cuidado: una figura materna que no pudo o no supo, un sostén que llegaba a ratos y a ratos no, un hogar donde aprendiste a leer el ánimo de los demás antes que el tuyo. Te volviste quien cuida antes de saber pedir que te cuiden. Y esa misma falta hizo de ti alguien con una hospitalidad fina, una intuición rápida para el otro, una mano que hace sitio donde no lo había. Lo difícil no es tu sensibilidad. Es confundir cuidar con merecer cariño, como si solo dando tuvieras derecho a quedarte, y dejar tu propia hambre sin atender porque atender la ajena ya te define entera. ¿Quién, esta semana, puede entrar a tu cocina y ponerte a ti el plato sin que te disculpes por dejarte servir?