Un extremo de tu carta exige rigor y muros a plomo; el otro guarda una herida que ningún muro logra tapiar del todo. Quirón y Saturno se miran de frente a través del mismo eje, y cada polo define al de enfrente: tu disciplina quiere blindar el dolor y el dolor se cuela por las juntas, la herida te ablanda y la estructura vuelve a sellarla. Hay días en que te endureces para no sentir, y días en que la llaga te derriba la armadura entera. Puestos cara a cara, el rigor y la grieta descansan sobre un mismo cimiento. Tu madurez no silencia un polo. Los enfrenta hasta que la disciplina deja de ser una coraza echada sobre el dolor.
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