Un extremo de tu carta quiere afirmar a gritos quién eres; el otro recuerda en voz baja dónde te quebraron. Quirón y el Sol se miran de frente a través del mismo eje, y cada polo define al de enfrente: tu identidad se levanta y la herida la encoge, la herida te apaga y el deseo de ser visto la encara. Hay días en que brillas de más para tapar la grieta, y días en que el dolor te roba el centro entero. Puestos cara a cara, tu nombre y tu llaga brotan de la misma raíz. Tu luz madura no niega un polo. Los enfrenta hasta que ser tú deja de ser una huida de lo que aún arde.