La herida de no encajar y una libertad sin estrenar quedan al alcance del brazo, listas para que las recojas. Quirón y Urano forman un sextil en tu carta: la grieta del exilio y la chispa que libera están a la mano, pero esperan que des el paso. El día que conviertes tu rareza en algo que abre camino a otros, en vez de en pura rebeldía, el don se enciende. Lo de fondo está latente, no se activa solo. Despierta cuando usas tu propio no haber pertenecido como mapa para hacerle sitio a otros raros. La invitación es hacer de la marca del exilio una bandera de bienvenida, no una espina que te aísla aún más.