Hay una seriedad en tu cara que la gente lee como edad antes de mirarte el documento, una postura que cargabas de niño cuando los demás todavía corrían sueltos. Naciste con Saturno en la casa 1, la casa del cuerpo y de la primera impresión, así que el peso del mundo se te asentó en la entrada, en la forma misma con que apareces ante otros. Mira cómo se traduce eso. Te tomas en serio tu propia presencia, mides cómo te paras y cómo callas, y de joven sentiste que tenías que ganarte el derecho a ocupar espacio en vez de simplemente ocuparlo. Eso te dio un contorno firme que los demás respetan sin saber por qué. Tiene su lado duro. Cuando la seriedad se vuelve armadura, te quedas sin la blandura que también es tuya, y la gente te cree de piedra cuando solo estás cuidándote. Permítete aflojar la mandíbula sin sentir que pierdes terreno. Una sonrisa tuya pesa justamente porque no las regalas. Tu gravedad no te endurece. Es la forma adulta con que cruzas el umbral del mundo, y aguanta de sobra una pregunta abierta de vez en cuando.