Tu edad te sienta bien y la llevas como ropa hecha a medida. La disciplina que pule y el yo que tiene centro son en ti una sola pieza, trígono de Saturno y el Sol, y madurar no te ha apagado, te ha sacado brillo. Donde importa una autoridad serena, ahí floreces: el liderazgo, la enseñanza, los oficios de los mayores, los puestos donde tu sola presencia ya baja las pulsaciones de la sala. La gente joven a veces se arrima a ti como quien se apoya en una pared firme. El riesgo no es hacer poco. Es tomarte demasiado en serio y olvidar que la dignidad bien plantada también se ríe. Date permiso para reírte. No te quita ni un gramo de autoridad.
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