Quieres brillar y a la vez quieres que la persona que tienes enfrente te elija a ti, no al espectáculo. El Sol y Venus se cruzan en ángulo recto en tu carta: la identidad que sale a expresarse muele contra el afecto que prefiere entregarse en voz baja. Brillas y sospechas que el otro te confunde con la función. Te entregas y te frustra haber perdido tu sustancia. La cuenta la pagaste cuando el cariño quedó eclipsado por tu presencia, o cuando te apagaste tanto que el otro perdió a quien quería. Has aprendido a brillar sin tapar al de al lado. Tu luz propia y tu luz cariñosa caben en la misma habitación. Eclipsaste primero a quien querías, y de ahí esa presencia que no devora.
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