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Sol en casa 3

Tres libros abiertos sobre la mesa y un cuarto en el suelo, donde lo dejaste caer a media frase porque se te cruzó otra idea. El Sol te marca la casa 3, la del habla cercana y del barrio que recorres a diario, y por eso te reconoces sobre todo en cómo hablas por teléfono, cómo escribes una nota corta, cómo conversas con quien vive a la vuelta de la esquina. Cualquiera que te observe un día lo nota: tienes seis conversaciones abiertas a la vez y a ninguna le has puesto punto final, y de ese revoltijo salen tus mejores frases, las que casi te interrumpes para soltar antes de perderlas. Ese fuego curioso te mantiene despierto y conectado con todo lo que pasa cerca; es lo mejor que traes. Lo que te desgasta es lo mismo girado del revés: mil dudas mal hechas en una semana que no te enseñan lo que te enseñaría una sola pregunta llevada con paciencia. Cuida la frase rápida pero termínala entera, no la dejes a medias como el cuarto libro. Lleva una pregunta contigo durante un año y verás cómo te devuelve más que el ruido de siete a la vez. Los hermanos, de sangre o elegidos, fueron tu primera escuela: vuelve a ellos cuando te pierdas.