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Sol en casa 4

Una tetera silba a las seis de la mañana y la ventana de la cocina empieza apenas a aclarar. Tu Sol echó ancla en la casa 4, la de las raíces y del hogar interior, ese pulso ancestral que late bajo el suelo, y por eso tu identidad no se enciende en el escenario sino en el suelo privado: la familia, los pequeños rituales que sostienes cuando sabes que nadie va a tocar el timbre. Si te miras de cerca, lo reconoces: te recargas hacia dentro, en una habitación con la puerta entornada, y de ahí sales entero al resto del día. Esa raíz te alimenta cuando todo lo demás falla, y es tu mejor reserva. El peligro es sutil: un día confundes esconderte con cuidarte y dejas la puerta cerrada incluso a quien sí sabría entrar bien. Escoge dos o tres personas que puedan cruzar ese umbral y deja que el resto se quede en el portal. Vuélvete hogar portátil cuando salgas, lleva la cocina contigo dondequiera que vivas. Tu raíz no es una cadena que te ata al pasado: es la forma callada en que la luz sube, año tras año, hasta las ramas más altas.