Una canción tarareada para nadie mientras friegas, un avión de papel cruzando un pasillo vacío. El Sol prendió en tu casa 5, la del juego sin público y de la primera canción que sale sin que nadie la pida, y de ahí tu identidad se enciende en el gesto creativo: el cuadro a medias, la melodía inventada, la carta de amor escrita a las once de la noche. Fíjate en este contraste tuyo: cuando creas porque no puedes parar, te brilla la cara de un modo que la gente recuerda, y cuando creas para gustar, esa misma cara se apaga aunque el dibujo salga correcto. Ahí tienes la clave entera de tu luz. Tu mayor alegría es fabricar cosas que nadie te encargó. Tu mayor riesgo, el reverso, es quedarte esperando el aplauso y secarte los días sin testigo, sin entender por qué. Juega primero contigo, en privado, sin que el resultado tenga que valer para nadie. Que lo creativo sea pan de cada día y no función de gala. Lo que más se querrá fuera es justo lo que hiciste por el puro gusto de hacerlo, no lo que tallaste para agradar.